lunes, 24 de julio de 2017

Los flechazos no son para el verano

Tú sabes eso de que cuando surge, surge. Pues los flechazos son como las oportunidades, y las oportunidades son como los flechazos. Se presentan, te dicen: «¡hola, soy tu oportunidad!» ¿Y tú que haces? ¿Huyes asustado creyendo que es un fantasma o miras, te fijas bien y te dices: «me está hablando a mí», e inmediatamente reaccionas, vuelves a mirar detenidamente y tu cerebro se pone a trabajar rápidamente?

Sí, es verdad, es conmigo con quien está hablando y, ¡madre mía qué guapa es! Además parece simpática, inteligente y es ella la que se ha acercado a mí.

Sí, hombre sí, es el flechazo. ¡Esa es tu chica! La mujer que estabas buscando —o para ellas— el príncipe azul. Es decir, Flechazo Pérez u Oportunidad Benítez. ¿Y ahora qué? ¿Vas a cerrar ese paraguas que te tiene aterrorizado porque no sabes, no estás seguro, tienes miedo, piensas qué dirán, esto no es verdad, no me puede estar sucediendo a mí, alguien se ha equivocado…?

Es así, no le des más vueltas, cuando surge, surge. Te lo has ganado, llevas apostando por ello mucho tiempo y ahora surge la oportunidad, el flechazo mutuo, alguien que te quiere, alguien que se ha dado cuenta de tu trabajo, de cómo eres, que ha pensado en ti y en tu proyecto. Y ahí estás tú que también quieres ofrecer tu corazón y poner todo tu alma en esa fantástica oportunidad.

¡Qué bonito es el amor! ¿Verdad? Los flechazos no son para el verano. Los flechazos surgen, y cuando surgen, es porque te lo has ganado.

Llegará tu flechazo, llegará tu oportunidad. No lo dudes. Porque cuando se sigue y se sigue, siempre consigue.

Continua trabajando, no dudes nunca de tus capacidades y ten confianza porque tu oportunidad está llegando.


Muchas gracias por estar aquí y no se te olvide darle también la oportunidad a otros, compartiendo y haciéndoles llegar este mensaje.



miércoles, 12 de julio de 2017

Sentir cariño en el dentista


Hoy os cuento una experiencia personal que he vivido durante unos cuantos meses y que me ha hecho ver de cerca que lo humano es la consecuencia de gestos, detalles y pequeñas cosas que hacemos cada día y que se convierten en grandes cosas, ante las personas que se tienen enfrente. Eso es hacer grandes las cosas pequeñas, ponerles amor, ponerles corazón y ponerles cariño.

Aunque no lo parezca, estoy hablando del dentista, de ese lugar al que tenemos tanto miedo a ir o que simplemente nos resulta tan incómodo, que retrasamos su visita lo más que podemos. Pero —en mi caso—, después de haber sufrido anteriormente experiencias no gratas que me han hecho «temer» a estos profesionales, tengo que quitarme el sombrero ante la calidad, la profesionalidad y sobre todo el cariño demostrado por Eva y por Emma, que se han convertido en personas importantes para mí, permitiendo hacerles partícipes de mi vida y poder sentir la suya.

Una vez superadas las diferentes sesiones, me llamó la atención ver este mensaje:«Queremos que sonrías más que nunca y que también hagas sonreír a todos los que te rodean». Suena bien como mensaje publicitario que inmediatamente nos hace pensar en unos dientes sanos y preciosos que mostrarán en nosotros una sonrisa seductora y cautivadora. Pero en el caso de «Edent» —así se llama este clínica dental—, es un hecho que se produce cada uno de los días que tienes que acudir a tu cita correspondiente.

Cuando entras en esta clínica dental, lo primero que recibes es el saludo y la sonrisa que te transmite Emma, dentro de un ambiente tranquilo que invita a la relajación, en el que está todo tan cuidado, que rara es la vez que tienes que esperar unos minutos, minutos de espera que si en algún momento se producen, Emma los convierte en segundos, desviando tus posibles nervios hacia alguna conversación que te haga olvidar los miedos.

Tanto Emma cuando te recibe, como Eva cuando hace sus diferentes intervenciones, te transmiten su sonrisa, su tranquilidad y su cariño, haciéndote sentir bien, a gusto, confiando desde el primer momento en su valoración, en sus consejos, en su profesionalidad, poniéndote directamente en sus manos porque sabes —y te hacen saber—, que estas en buenas manos, unas manos que saben lo que se tiene que hacer y que lo van a hacer de la mejor forma posible, con el máximo cariño posible y al mejor precio posible.

No exagero nada. Cuando ves a un profesional —una gran profesional en este caso—, que te observa, que intenta ver lo que sientes, que te mira a los ojos, que te escucha, que te orienta, que te aconseja —sin ningún ánimo de cobrar más o menos—, que te cuida y se preocupa por ti día tras día para que no sufras, para que te sientas tranquilo, para que descanses de posturas incómodas, con delicadeza, sin prisas, manteniendo gratas conversaciones del día a día de cada uno, y cuando además te llama a casa por la noche para preguntar que tal estás, sinceramente hay que darle un gran aplauso y una felicitación.

Ya sabéis que para mí, eso es llegar al podio de los triunfadores haciendo grandes las cosas pequeñas, triunfando como persona en el día a día de cada uno, dejando una huella importante y manteniendo el principio de la Madre Teresa de Calcuta: «No dejes que nadie se acerque a ti, sin que al irse se sienta mejor y más feliz», frase que repito en muchos de mis artículos.

Después de las experiencias pasadas y a parte de todo lo comentado anteriormente, me sorprendió lo perfeccionista que puede ser un gran profesional cuando su trabajo, no es que lo quiera hacer bien, sino que lo quiere hacer súper bien. Cosas que incluso uno mismo las daría por buenas  —porque parece que están perfectas—, requieren nuevamente la minuciosidad y el detalle para conseguir un trabajo y un acabado sobresaliente. ¿No es este un valor importante a tener muy en cuenta?

Calidad, profesionalidad, cariño, eso es lo que diferencia a los grandes profesionales y a las grandes personas, eso es tener presentes los valores en cada acción que emprendemos y con cada uno de los que estamos, eso es llegar a casa y sentirse orgulloso cada día del trabajo hecho porque uno ha puesto y ha dado lo mejor de sí mismo.

Nuestra felicitación de parte de esta familia para estas grandes profesionales, que ya formáis parte de nosotros. Sois un ejemplo a seguir. Muchas gracias.


Muchas gracias también a vosotros, mis lectores, por estar aquí y por favor, no olvidéis compartirlo para procurar un mundo mejor entre todos.

Imagen: Pixabay



martes, 27 de junio de 2017

Tú eres quien escribes tu día.


Como escritor y comunicador, cuando me propongo escribir un nuevo libro, pienso muy bien la historia, los personajes, las acciones a desarrollar, el lugar o lugares, los sentimientos que deseo transmitir con su lectura y por supuesto, el objetivo final —esto más bien enfocado a una novela—, pero podríamos trasladarlo igual a una charla o conferencia.

¿Qué quiero decir con esto? Que nunca podré escribir mi libro, mi novela o mi historia, si dejo que la escriba otra persona. Al igual que nunca podré dar una charla en la que transmitir mis experiencias, mis conocimientos o mis sentimientos, si dejo que la prepare otro que no sea yo.

Tú eres quien escribes tu día. Desde que te levantas, hasta que te acuestas, empiezas a escribir la historia de tu día y, bien como si fuera una novela o bien como si es una charla para cien personas, nunca debes dejar que nadie varíe el contenido de los diferentes capítulos o el fondo de los diferentes temas y diapositivas.

Seguro que estarás pensando que esto es muy fácil decirlo, pero que las circunstancias nunca te dejan actuar como tú quieres, encontrándote obstáculos en el camino.

Efectivamente, puede que encuentres obstáculos —seguro que los encuentras—, pero, ¿qué piensas hacer? ¿Qué vas a escribir sobre ellos? ¿Van a impedir continuar tu camino o que por el contrario, los vas a superar y seguirás avanzando? ¿Se producirán, o el personaje está pensando sobre algo que puede que no ocurra como el piensa? La historia, muchas veces puede dar un giro a causa de un conflicto, pero la trama puede continuar hacia el objetivo si sigues escribiendo tu propia historia y no esa que intentan imponerte. Las circunstancias siempre dependerán de tu actitud ante ellas.

Cuántas veces al escribir alguna de mis novelas, cuántas veces en alguna charla, diferentes circunstancias me han obligado a desviarme del guión —a desviarme del camino previsto—, para incluso encontrar uno mejor que me lleve a ese final o a ese objetivo pretendido hacia mis lectores u oyentes.

También en la historia de tu día puede que encuentres personas en tu camino, detrás de la esquina, en la oficina, en la fábrica y, ¿qué piensas escribir? ¿Vas a encontrar gente amable, gente antipática o cómo piensas desarrollar la historia con ellos? ¿Vas a dejar que alguno escriba tu propio día, tu propia historia o pasarás la página y seguirás con el capítulo previsto?

Claro que vas a encontrar atascos, lluvias y tormentas, al mequetrefe de turno, problemas e imposiciones, pequeños obstáculos o grandes rocas en el camino que te pueden dificultar tu caminar y tu bien hacer, pero nunca te van a impedir que continúes con tus capacidades, tus dones, tu sonrisa, tu entusiasmo, tu alegría, tu pasión hacia tus objetivos; además de ese deseo de volver a casa con tu familia, abrazar a tu mujer y a tus hijos, y poder disfrutar de tus horas de descanso.

Muchos conocéis mi historia y sabéis que he tenido que reescribirla y adaptarla, porque también  los sueños se redirigen adecuándolos a las prioridades que uno mismo va eligiendo en su camino. Pero el lápiz, el bolígrafo, las teclas de tu portátil, siguen siendo tuyas y tú eres el que las manejas dando sentido a cada frase, a cada párrafo y a cada punto y aparte, para empezar un nuevo párrafo o un nuevo capítulo que te guíe nuevamente, como ese navegador que te dice «recalculando ruta».

En mi camino, he encontrado obstáculos, grandes rocas y esperpénticos mequetrefes, que directamente los he borrado de mi historia dejándolos en las páginas de atrás y he seguido escribiendo páginas nuevas, páginas llenas de cariño, llenas de estupendas personas, de amor, de esperanza, de valentía, de ánimo, de fantásticos y maravillosos sueños, que son los que han llenado y llenan mi vida y mi día a día.

Tú eres quien escribes tu día y siempre habrá frases, párrafos y capítulos que contarán alguna tristeza pero, ¿vas a permitir que el contenido de tu historia no acumule momentos de alegría, de sonrisas, de luz, de calor, de amor o de felicidad?

No tengas miedo y no dejes de escribir tu vida, esa vida que tú deseas. Los renglones torcidos, siempre se convertirán en líneas firmes y sólidas con tu pasión, con tu esfuerzo, con tu valentía, con tu actitud, con tu esperanza, con tu fuerza y confianza en ti mismo.

No tengas miedo y no dejes que nadie escriba tu vida.



Muchas gracias por estar aquí y por compartirlo


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