martes, 29 de octubre de 2013

Mis errores en la entrevista con MS

En mi período de búsqueda de empleo, me llamaron para una entrevista en una empresa que estaba creando una red importante en España y necesitaban un delegado de zona con experiencia en el sector.

Había enviado mi currículum y prueba evidente que yo reunía buenas cualidades es que me llamaron para conocerme y poder ampliar la información sobre el puesto de trabajo, funciones, salario y demás.. Yo tenía experiencia, formación, había trabajado con equipos, conocía ampliamente el sector y podía aportar un valor importante en el proyecto de la empresa. Estaba claro para mí, que era el candidato que ellos buscaban.

Mi primer error fue creer que me llamaron a la entrevista para informarme del puesto de trabajo, funciones, salario y demás. Ese era un tema que por supuesto me interesaba a mí y que yo debería conocer, pero ellos me llamaron para saber lo que yo les podía ofrecer y si iba a responder a sus expectativas; si los servicios que yo podía ofrecerles eran los que a ellos les interesaban; si mi perfil era el adecuado para el puesto y si mis conocimientos se ajustaban a la información recogida en el CV.

Las empresas cuando te llaman para una entrevista, quieren conocer el producto que van a comprar, así como la calidad del mismo. Si verdaderamente les interesa lo que ven, ya harán lo posible para que no te vayas a vendérselo a otro, es entonces y solo entonces cuando pondrán sus cartas sobre la mesa y harán la oferta adecuada por el "diamante" que acaban de encontrar.

Por eso, lo primero es saber vender la formación, la experiencia, las cualidades, los logros, es decir, todos los valores a aportar. Si consigues que quieran "comprar", vendrá el momento para hablar del "precio".

Yo llegué allí creyendo que tenía todas conmigo, habíéndome confiado demasiado en el "maravilloso" perfil que podía aportar, pero sin embargo, el segundo error que cometí es que no fui capaz de convencer al entrevistador, no mostré ilusión y entusiasmo por ese maravilloso "producto" que estaba ofreciéndole. Yo sabía que el producto era de calidad, pero no supe transmitirlo con fuerza, con seguridad, con convicción, no pudiéndole  contagiar de la necesaria confianza en aquello que se disponía a comprar, creando en él una importante inseguridad.

Y el tercer error, acabó definitivamente con mi candidatura. Ante la desconfianza que ya había creado en él, la siguiente pregunta suya intentó darme una nueva oportunidad para disipar las grandes dudas que yo generaba. "¿Cual es su opinión sobre la actual crisis y cómo ve el futuro para el sector en el que se engloba nuestra empresa? (La crisis que se vivía en aquel momento era la del 92).

Una persona optimista como yo (que es verdad que siempre lo he sido) y no se me ocurrió otra que decir que la situación del momento era francamente difícil, con muchos problemas que resolver que iban a afectar gravemente al futuro inmediato, y que el sector y por lo tanto la empresa en cuestión, lo tenía muy complicado para poder mantener ese proyecto a nivel nacional.

Estaba claro que ese trabajo no era para mí. En ningún sitio debió estar escrito nunca porque ni yo mismo me creo que pudiera responder semejante idiotez. Fue como decirle "prefiero no trabajar con ustedes porque total no creo que esta empresa dure más de un mes".

Una buena respuesta debería haber ido más en este sentido: "Las crisis económicas suelen hacer mucho daño, pero obligan a las empresas a mejorar, a corregir sus errores, a innovar, a buscar nuevas soluciones ante las necesidades de los clientes y una empresa como ésta, dinámica, innovadora, que viene implantando nuevos servicios, abriéndolos además a nivel nacional, triunfará e irá ampliando día a día su cuota de mercado, debido a las empresas que no han sabido reaccionar y se están quedando en el camino."

Optimismo, ilusión, entusiasmo. Si yo mismo no creo en el proyecto que me están ofreciendo, ¿cómo voy a contagiar a mi equipo? Si yo no estoy convencido, ¿a quién voy a convencer?

Ya he comentado en algún otro artículo que nadie contrata a un triste o a un derrotista. Las empresas buscan líderes, trabajadores con iniciativa, gente con ilusión, con fuerza, con entusiasmo, capaces de contagiar confianza en el proyecto y creyendo en ellos mismos y en su capacidad para hacer crecer la empresa, aportando ideas, iniciativa y soluciones.

Cada entrevista es un mundo, cada cual diferente, pero lo que no cambia es que a todas se debe ir preparado con la mayor información sobre la empresa, con la mejor actitud, con optimismo, con fuerza, con ilusión y con un entusiasmo capaz de demostrar nuestra mejor disposición para ser parte importante en el futuro de esa empresa.

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