Si todo fuera fácil, no tendría valor alguno. Nadie te va a poner el éxito en una bandeja para que lo cojas tú. El éxito es posible y además es una obligación que tenemos para nosotros mismos y para todo aquel que ha confiado en ti. Dios te ha dado unas cualidades, unos dones, unos talentos, utilízalos y no los escondas debajo de las piedras.
Todo lo que hagas debe estar encaminado al éxito. El éxito es la aplicación diaria de la disciplina. Si decides ser arquitecto, un buen arquitecto, no debes conformarte con la mediocridad. Debes superarte día a día para mejorar, para crecer, para que tu imaginación esté siempre viva y poder desarrollar ideas innovadoras. No te acomodes, porque después serás como todos esos que se quejan de su puesto de trabajo, de su sueldo, de sus condiciones, de su penosa vida y nunca han hecho nada por crecer y mejorar, sino protestar y protestar, criticando a los ricos y a los que han levantado una empresa corriendo riesgos y con mucho esfuerzo.

El éxito está en tus manos y lo puedes conseguir, te lo aseguro.
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