Recomendaciones para el primer día de trabajo.

Sé puntual, llega diez minutos antes y preséntate a quien corresponda (ten en cuenta medios de transporte, atascos, imprevistos). Debes ser educado, cortés, sonriente, saludando y demostrando tu simpatía y buena disposición desde el primer minuto. Ten paciencia si te hacen esperar en una u otra sala o despacho y mientras tanto observa, escucha y empieza a ver como se desenvuelven los demás trabajadores que pasen a tu lado, cómo hablan por teléfono con los clientes, cómo es la atención, la documentación que se mueve, donde están los archivadores, la fotocopiadora. En definitiva observa y empieza a acumular información que te será muy valiosa cuando tengas que desenvolverte solo. No te olvides de llevar un cuaderno a mano ya que ese día recibirás mucha información y después no te acordarás de todo lo que te han dicho. Mejor apuntarte las cosas que demostrar que no te has enterado de nada.

Una vez tengas asignado tu puesto de trabajo y conozcas a tu responsable y al equipo que colaborará contigo, empieza a caer bien a la gente, no protestes, se dispuesto y voluntarioso. No te quedes con los brazos cruzados, pide trabajo, consulta, aprende, muestra interés, ofrécete para ayudar a cualquiera. Cumple con tu obligación, haz todos los favores que estén en tu mano y no digas que no. No mires mal a nadie, no critiques y no te quejes delante de nadie. Las paredes oyen (practica el ver, oír y callar) Que todos sepan que pueden contar contigo, que eres un «currante» y que estás allí para trabajar.

No actúes por impulsos, escucha lo que te dicen u ordenan (piensa el qué, cómo y cuando), y una vez seguro cumple con tu cometido. Si no sabes aprende, pregunta, investiga, se resolutivo. Presenta soluciones e ideas, nunca problemas o trabajos inacabados. Antes de hacer algo mal, pregunta las veces que sean necesarias y acostúmbrate a apuntarte todo. Será un punto a tu favor si ven que empiezas a desenvolverte solo y que te has procurado la información necesaria para aprender rápido.

Ponte siempre en el lugar del otro. Si tú fueras el empresario, ¿a quien contratarías, a quien pone mala cara, protesta por todo y reclama siempre su condición de «ingeniero», o al que está dispuesto, aprende, investiga y trabaja, sin poner pegas a nada demostrando que efectivamente puede llegar a ser un buen «ingeniero»? No te importe empezar poco a poco, estáte atento, escucha, observa, pregunta, documéntate, aprende y demuéstrales a todos que vas a ser un valor importante en la empresa y que no se han equivocado al elegirte.

No dejes de sembrar nunca. Recuerda que quien siembra recoge. Lo que haces y parece que nadie lo ve ni lo tiene en cuenta, son semillas que dan su fruto en su momento, no lo dudes. Siempre debes preguntar, pero si no es posible o hay que tomar una decisión, tómala y arriésgate. No te importe cometer errores. Siempre comete errores el que hace cosas, el que no hace nada lógicamente no los comete. Eso sí, de los errores se aprende y deberás aprender rápido para no cometerlos. Ten en cuenta también que si tu decisión ha sido acertada, la empresa valorará tu iniciativa y tu poder de resolución.

Si tienes que hablar con un jefe que no es el tuyo, procura informarte antes de cómo es su trato, su nivel de exigencia, si es muy distante.... Puede ser muy diferente al tuyo y llevarte alguna sorpresa desagradable, por lo tanto es mejor ir preparado. Y por supuesto si no puedes informarte, mejor mantente con prudencia, respetuoso, guardando las formas y la jerarquía, trasladando posteriormente las órdenes, la consulta o la conversación mantenida a tu jefe directo.

Empieza a seleccionar desde el primer día a los que podrás considerar como verdaderos compañeros e incluso amigos. Cuida tus comentarios, ten cuidado con las preguntas capciosas, no te fíes cuando alguno te insinúe que en esa empresa se puede hacer eso o lo otro y que no pasa nada, apártate de los cotillas, de los «listillos» o interesados que solo querrán aprovecharse de ti y que después no tendrán inconveniente en denunciarte si algo ha salido mal (la culpa la tiene..., que no me dio los datos correctos...). No te fíes de nadie, se prudente y no peques de ingenuo.

Trabaja como si fuera tuyo el negocio, y siempre ten presente que tanto en tu vida personal como en la laboral, los amigos y la información te abrirán los caminos más insospechados.


Comentarios