¡A por el sobresaliente! Una obligación de hijos y padres

Todos los padres pretendemos que nuestros hijos sean los mejores en todo, que sean los más listos, que obtengan mejores calificaciones y que sobresalgan en sus estudios y en todo lo que hagan. Queremos que consigan todo aquello que nosotros no hemos tenido y que pensamos que no ha estado en nuestras manos porque no hemos tenido las mismas oportunidades que ellos.

Pero muchas veces esto no es así exactamente. Muchas veces pedimos a nuestros hijos el sobresaliente cuando en nuestra propia vida, en nuestro día a día, familiarmente, socialmente y laboralmente nos conformamos con el suficiente. La excusa es como la que comentaba anteriormente: que era otra época, que no habían las mismas oportunidades, los tiempos eran diferentes, no teníamos los mismos medios.... Algunas cosas de éstas podrían ser ciertas, pero si dejamos el pasado a un lado y nos centramos en el presente ¿por qué nos conformamos en nuestra vida con la mediocridad y no hacemos por mejorar? ¿Por qué nos acomodamos y no luchamos por el sobresaliente en todo lo que hacemos y sin embargo se lo exigimos a nuestros hijos? ¡Cuidado! ellos podrían echarnos en cara que por qué nos conformamos con el suficiente o el simple aprobado en nuestro trabajo, en nuestra familia o en nuestra vida.

La vida es como una montaña que requiere nuestro esfuerzo en cada paso para llegar arriba y poner el mundo a nuestros pies, estar más cerca del cielo y satisfechos por no habernos quedado a mitad del camino.
El alpinista no se pide así mismo llegar a la mitad de la cima. No se conforma diciendo al menos he llegado hasta aquí. La obligación que tenemos todos es llegar a coronar la montaña, es conseguir el sobresaliente, es el éxito. La vida puede hacernos encontrar obstáculos pero no seamos nosotros mismos los que nos paremos sin luchar.

No basta con levantar un edificio a medias, construir un barco que flota "suficiente" o realizar una operación mediocre a un paciente. Todo nuestro trabajo debe ir hacia el sobresaliente para que el edificio no se caiga, el barco no se hunda y el paciente viva muchos años. No pidamos a nuestros hijos lo que nosotros no damos cada día.

Siempre que busques el sobresaliente puede que no llegues a conseguirlo, pero te aseguro que lo más probable es que obtengas un excelente notable y que nunca suspendas en tu objetivo.

El daño más grande no es que aspiremos muy alto y fallemos, sino que aspiremos muy bajo y acertemos.

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