Sentir cariño en el dentista


Hoy os cuento una experiencia personal que he vivido durante unos cuantos meses y que me ha hecho ver de cerca que lo humano es la consecuencia de gestos, detalles y pequeñas cosas que hacemos cada día y que se convierten en grandes cosas, ante las personas que se tienen enfrente. Eso es hacer grandes las cosas pequeñas, ponerles amor, ponerles corazón y ponerles cariño.

Aunque no lo parezca, estoy hablando del dentista, de ese lugar al que tenemos tanto miedo a ir o que simplemente nos resulta tan incómodo, que retrasamos su visita lo más que podemos. Pero —en mi caso—, después de haber sufrido anteriormente experiencias no gratas que me han hecho «temer» a estos profesionales, tengo que quitarme el sombrero ante la calidad, la profesionalidad y sobre todo el cariño demostrado por Eva y por Emma, que se han convertido en personas importantes para mí, permitiendo hacerles partícipes de mi vida y poder sentir la suya.

Una vez superadas las diferentes sesiones, me llamó la atención ver este mensaje:«Queremos que sonrías más que nunca y que también hagas sonreír a todos los que te rodean». Suena bien como mensaje publicitario que inmediatamente nos hace pensar en unos dientes sanos y preciosos que mostrarán en nosotros una sonrisa seductora y cautivadora. Pero en el caso de «Edent» —así se llama este clínica dental—, es un hecho que se produce cada uno de los días que tienes que acudir a tu cita correspondiente.

Cuando entras en esta clínica dental, lo primero que recibes es el saludo y la sonrisa que te transmite Emma, dentro de un ambiente tranquilo que invita a la relajación, en el que está todo tan cuidado, que rara es la vez que tienes que esperar unos minutos, minutos de espera que si en algún momento se producen, Emma los convierte en segundos, desviando tus posibles nervios hacia alguna conversación que te haga olvidar los miedos.

Tanto Emma cuando te recibe, como Eva cuando hace sus diferentes intervenciones, te transmiten su sonrisa, su tranquilidad y su cariño, haciéndote sentir bien, a gusto, confiando desde el primer momento en su valoración, en sus consejos, en su profesionalidad, poniéndote directamente en sus manos porque sabes —y te hacen saber—, que estas en buenas manos, unas manos que saben lo que se tiene que hacer y que lo van a hacer de la mejor forma posible, con el máximo cariño posible y al mejor precio posible.

No exagero nada. Cuando ves a un profesional —una gran profesional en este caso—, que te observa, que intenta ver lo que sientes, que te mira a los ojos, que te escucha, que te orienta, que te aconseja —sin ningún ánimo de cobrar más o menos—, que te cuida y se preocupa por ti día tras día para que no sufras, para que te sientas tranquilo, para que descanses de posturas incómodas, con delicadeza, sin prisas, manteniendo gratas conversaciones del día a día de cada uno, y cuando además te llama a casa por la noche para preguntar que tal estás, sinceramente hay que darle un gran aplauso y una felicitación.

Ya sabéis que para mí, eso es llegar al podio de los triunfadores haciendo grandes las cosas pequeñas, triunfando como persona en el día a día de cada uno, dejando una huella importante y manteniendo el principio de la Madre Teresa de Calcuta: «No dejes que nadie se acerque a ti, sin que al irse se sienta mejor y más feliz», frase que repito en muchos de mis artículos.

Después de las experiencias pasadas y a parte de todo lo comentado anteriormente, me sorprendió lo perfeccionista que puede ser un gran profesional cuando su trabajo, no es que lo quiera hacer bien, sino que lo quiere hacer súper bien. Cosas que incluso uno mismo las daría por buenas  —porque parece que están perfectas—, requieren nuevamente la minuciosidad y el detalle para conseguir un trabajo y un acabado sobresaliente. ¿No es este un valor importante a tener muy en cuenta?

Calidad, profesionalidad, cariño, eso es lo que diferencia a los grandes profesionales y a las grandes personas, eso es tener presentes los valores en cada acción que emprendemos y con cada uno de los que estamos, eso es llegar a casa y sentirse orgulloso cada día del trabajo hecho porque uno ha puesto y ha dado lo mejor de sí mismo.

Nuestra felicitación de parte de esta familia para estas grandes profesionales, que ya formáis parte de nosotros. Sois un ejemplo a seguir. Muchas gracias.


Muchas gracias también a vosotros, mis lectores, por estar aquí y por favor, no olvidéis compartirlo para procurar un mundo mejor entre todos.

Imagen: Pixabay



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