El otro día escuchaba a María San Gil, en una entrevista que le hacían sobre su trayectoria política y su trayectoria como católica, en el canal de YouTube @SeBuscanRebeldes. Decía alto y claro, que los católicos somos unos cobardes que no salimos al terreno de juego, ni nos atrevemos a despertar las conciencias aun teniendo a Jesús con nosotros, quien nunca tuvo miedo y murió defendiendo la justicia, el perdón y el amor.
A propósito de este tema, es recomendable la lectura sobre la respuesta que da el actor Jaime Lorente sobre los comentarios insultantes que hizo la actriz Silvia Abril, en los premios Goya, sobre los jóvenes cristianos.
Todos cuentan sus alegrías, sus éxitos, los triunfos en sus deportes preferidos, sus viajes, sus juergas y hasta sus desmanes. ¿Y por qué nosotros no somos voz y contamos también las alegrías, las caricias, los consuelos, la fortaleza, la valentía, la esperanza, la felicidad, el amor y la cantidad de regalos que recibimos cada día por ser hijos de Dios y seguir a Jesús? ¿Alguien puede entender que es algo malo contar estas maravillas o que hacemos daño a alguien?
Perfectamente podríamos contar esa felicidad que sentimos cuando estamos con los amigos o con los compañeros, en el trabajo, tomando café o en un simple paseo. Podríamos empezar diciendo: "me ha ocurrido algo que ha hecho vibrar mi corazón desde ese momento; veo a las personas de diferente manera, las escucho y pongo interés en lo que me cuentan, pongo mi empeño en ayudarlas y me siento feliz".
Todo esto hay que celebrarlo, hay que contarlo, hay que compartirlo y desearlo para los demás, pero sin miedo y con alegría.
Nuestro mensaje no llega porque ni siquiera nos asomamos al terreno de juego, como decía María San Gil en esa entrevista.
Nos callamos en las reuniones de trabajo, así como en pequeños o grandes coloquios, tragando lo que unos u otros pueden decir, contar o criticar, manteniendo el silencio sin opinar o cuestionar la posible injusticia.
Llevamos a nuestros hijos a hacer la Primera Comunión, pero después no damos ejemplo dejando que esa Primera Comunión pase a ser la última, no sea que alguien vaya a decir que somos unos beatos por conducirles en su camino católico. ¿Cómo vamos a desear que nuestros hijos continúen ese camino cristiano si nosotros no les hemos enseñado a participar andando junto a ellos?
Nuestros vecinos y conocidos nos comentan que vienen o se van de juerga y a su vez nos preguntan que a dónde vamos y de dónde venimos, pero nos espanta decir que venimos de rezar el rosario. ¿De verdad alguien puede sentirse ofendido por ello?
Si en el trabajo, en la política, en la universidad, con los vecinos, en la calle..., unos y otros nos presumen de sus andaduras, de dónde vienen y a dónde van, lo que hacen y dejan de hacer, ¿por qué no podemos compartir nosotros si venimos o vamos a hacer un rato de oración, si vamos a hacer unos ejercicios espirituales, un retiro de Emaús, una Eucaristía o vivir la Cuaresma?
Me acuerdo cuando hace años, algunos compañeros me pasaban vídeos pornográficos y aunque yo no me pronunciaba ante ellos, conseguí que dejaran de enviármelos porque se dieron cuenta que yo jugaba en otro equipo. ¿Es que obligatoriamente tenemos que jugar en el suyo?
Tenemos que despertar las conciencias manteniendo los principios, los valores, la ética, la moral, la honestidad, la justicia, el amor, la educación, el respeto, ser agradecidos... ¡Qué maravilla es defender la familia, la vida, el matrimonio, los hijos...! ¿No? ¿Por qué no dar la batalla espiritual católica, cuando los demás defienden otras ideologías que adolecen de valores humanos?
La vida es un regalo con sus alegrías y tristezas que siempre van a depender de quien te acompañe en ese camino. Pero hay que salir al terreno de juego, tenemos que participar. Nos entrenamos cada día, ¿para qué? ¿Cuándo vamos a ser valientes? ¿Cuándo vamos a ser auténticos? Tenemos que decir Sí o decir No porque somos católicos y debemos defender los valores humanos.
Si todos tenemos que llevar nuestra propia cruz, siendo creyentes o no, yo prefiero llevarla con Jesús que sin él. Será mucho más inteligente porque siempre será menos pesada.
No hace falta gente especial, solo gente normal que utilice la razón, el corazón; que desee la felicidad de los demás, que no sea egoísta, que piense, que sepa escuchar, hablar, mirar; que sea humana, que genere paz y alegría.
Al acabar quiero pedirle al Señor algo muy urgente: que despiertes entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo el deseo de estar contigo, de hablarte, de escucharte, de conocerte, de descubrirte como el Dios de la vida, de la libertad, de la alegría, del amor. Porque además, tú nos dices que podemos dialogar contigo siempre que queramos, sin pasar por secretarios y en la hora que a nosotros nos venga bien.
Libro: "Si no crees en Dios, te doy su teléfono" (autor Paco Arango, Presidente de la Fundación Aladina).
Escribiendo este artículo me encontré con estas reflexiones: "Todo encuentro con Jesús nos debe llenar de gozo. Es necesario tener experiencias de Dios. La gente no nos va a preguntar lo que sabemos de Dios. Pero sí nos va a preguntar «a qué sabe Dios». ¿Qué pasa, qué se experimenta cuando Dios irrumpe en nuestra vida? ¿Cómo se ven las cosas y las personas? ¿Cómo se enfrenta uno a la vida desde la fe? Vamos a la vida, pero con nueva fuerza, con nueva luz, salimos equipados para que nada ni nadie nos pueda hundir. A veces se oye decir. ¿Qué te dan en Misa? Por supuesto que no te dan euros. Pero sí algo más importante. Me dan a Dios. Y con Dios una vida en plenitud".
A Jesús nunca se le ocurrió comenzar una parábola en estos términos: “Se parece el Reino de los Cielos a unas plañideras que vienen de enterrar a un muerto…”. En cambio, en sus parábolas, resuena constantemente las palabras “boda” “asombro” “gran cosecha” “vino en abundancia” “banquete” "alegría" "curación" "amor". Las bodas de Caná, al comienzo de su vida pública, nos están diciendo que “Jesús es la alegría de la vida”
"Señor, al acabar mi rato de oración contigo, he sentido que mi corazón se ensanchaba, sentía de cerca tu amor, me llenaba por dentro de una inmensa alegría. Con esta actitud, el mundo, la vida, el trabajo, tienen otro color. Señor, convénceme del todo de esta gran verdad: contigo se vive mucho mejor."
"Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

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