¡¡¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!
Me siento muy afortunado y feliz de haber seguido a Dios durante 70 años, pero muchos se preguntarán el porqué de mi felicidad y aquí respondo a esa pregunta resumiendo lo que son tantos y tantos porqués.
En primer lugar diré que todo se lo debo a mis padres que me iniciaron en ese camino cristiano regalándome el sacramento del Bautismo, la Comunión y la Confirmación. Mi profundo agradecimiento para ellos ya todos quienes se han cruzado en mi camino para transmitirme la Fe.
Mi primer porqué viene cuando siendo un bebé y los médicos me daban por desahuciado, sin embargo Dios quiso que viviera para que el plan de vida que tenía para mí, se cumpliera.
A partir de ahí los porqué se fueron acumulando:
Porque aunque muchas veces me he podido haber sentido abandonado, Él ha estado ahí confortándome y demostrándome que no estaba solo nunca. Mi experiencia de muchos años, me ha enseñado a saber que Dios está ahí, aunque no le veamos.
Porque a pesar de que no me he librado de problemas, adversidades y sufrimientos, siempre he recibido la fortaleza para soportarlos e incluso llegar a entenderlos más tarde.
La Fe no te libra de los problemas pero te los hace vivir de otra manera.
Porque a pesar de que muchos de mis sueños no se han cumplido, he descubierto al cabo de los años que los planes de Dios siempre son mejores.
Él es quien sopla, alienta e invita, y no tiene prisa, porque maneja los tiempos.
Porque me ha hecho descubrir la potente arma que es el Rosario para vencer. No acostumbraba a rezarlo, pero ahora me siento desprotegido y falto de alegría sino lo rezo a diario.
Porque ha hecho que la sonrisa vaya siempre conmigo procurando la alegría del de enfrente, apartando de mí la queja y buscando el lado bueno o simplemente la aceptación.
Porque ha procurado y procura que aliente lo bueno en los demás sembrando palabras de ánimo y esperanza.
Porque a pesar de mis defectos, de mis ofensas, mi desconfianza, mis errores y desplantes, me siento amado por Él.
Porque me ha hecho ver que debo poner en sus manos mis miedos. Su frase más repetida es "no tengáis miedo". Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?
Porque necesito a Dios para tener vida dentro. Cuando me aparto de Él pierdo la paz, me encuentro vacío, tengo un gran desasosiego.
Porque Él me ha enseñado a ser sal de la tierra e intentar dejar el mundo un poco mejor de como lo he encontrado, compartiendo mis dones, mis capacidades, mi sonrisa...
Porque con su luz, me guía y me orienta sobre lo que es hacer el bien y lo que es hacer el mal, sacando lo mejor de mí.
Porque me ha enseñado a ver que el hombre no vale por lo que tiene, sino por lo que es.
¿De qué nos sirve ganar el mundo si perdemos el alma?
Porque me ha hecho reconocer el gran trabajo y los enormes servicios que ha hecho la iglesia en favor de la humanidad durante tantos siglos.
Porque a pesar de que me podía haber desviado de la Fe con tantos otros falsos dioses que te presenta la vida, la misma ha ido creciendo poco a poco y espero que siga creciendo.
Porque Él es el que me ha enseñado que la verdadera felicidad está en dar, no en recibir. ¡Qué alegría se siente al hacer feliz a alguien!
Porque es el único que te ofrece la luz cuando llegas a la oscuridad reparando tu corazón cuando está roto.
Porque cuando en muchas ocasiones sentía que me ahogaba y me invadía la incertidumbre y el desasosiego, he tenido la gran suerte de que Dios me ha ido tendiendo su mano para acoger mis problemas y angustias.
La Fe reconforta y protege del miedo. Es la mejor medicina ante cualquier sufrimiento.
Porque poco a poco me ha ido importando más lo que piensa Dios de mí, que lo que pueden pensar los demás.
Dios es el único juez justo y capaz de juzgar.
Porque me ha enseñado a defender la verdad y la justicia ante los que, por intereses propios o por miedo a las represalias, dejaban que se cometiera la infamia o la sinrazón, siendo más cómodo el silencio o la mentira.
Porque he descubierto que Dios me escucha y me habla. Puede no ser en ese momento que yo deseo, pero Él utiliza cualquier medio para dar respuesta a nuestras preguntas.
Porque me ha enseñado la importancia de la familia y la gran felicidad que proporciona. Me ha dado una mujer, unos hijos, y unos nietos maravillosos y además me ha enseñado a poner a mi familia en primer lugar, ayudándome a ser un buen marido, un buen padre, un buen abuelo, cuidando de todos y estando siempre cuando hay que estar... Me ha llevado a procurar dejarles lecciones de vida y a transmitirles la importancia de dejar huella en todo aquello que uno hace.
Porque además, veo a Dios en mi mujer, en mis hijos, en personas que se han cruzado y se cruzan en mi camino; como aquel maravilloso sacerdote que nos dirigió durante muchos años. Eso me hace tremendamente feliz.
Porque también me ha enseñado a controlar mi genio, a reflexionar sobre mis errores y a pedir perdón, aunque eso me exige una mejora cada día.
Porque siempre ha estado conmigo para procurarme la mejor disposición para hacer, ayudar, aconsejar, transmitir o enseñar, tanto en el aspecto laboral, como en los demás ámbitos de la vida, además de que mi comportamiento sea siempre lo más correcto posible.
Porque cada día me alienta y fortalece para que mi paciencia crezca. Lamentablemente no siempre controlo mis impulsos.
Porque me ayuda a escuchar a los demás, poniendo más atención a quien necesita expresar lo que siente, haciendo también que mis palabras y mi mirada sean más cariñosas y compasivas.
Porque me ha enseñado que hacer un examen de conciencia diario, te hace ir corrigiendo errores y ser mejor persona.
Porque también me ha hecho comprender que confesarme, aunque sea de lo que algunos llamarían tonterías, me ayuda a ser menos soberbio y más humilde/. Así como ir a misa a diario y recibir la Eucaristía. Algo importante me falta si no lo hago. Igual me pasa con la oración. Ese rato de silencio, de pararme para escuchar a Dios, de contarle mis inquietudes, me reconforta.
Porque me llena de alegría, felicidad y paz saber que me acompaña allá donde esté, pudiendo a su vez compartirlo con los demás.
Porque a pesar de mis errores, mis desplantes, mis ofensas, Dios me sigue queriendo. Él es el que me ha llevado por ese camino de alegría y felicidad que da la verdadera paz.
Por la cantidad de dones y regalos que he recibido y descubro cada día, abriendo los ojos y mirando a mi alrededor tanto en mi casa como en la calle, en el trabajo, en la naturaleza...
Porque..., son tantas y tantas cosas por las que me siento agradecido y tremendamente feliz de haber seguido al Señor durante tantos años que, ¿cómo no voy a querer transmitirlo, compartirlo y comunicarlo a todos para que prueben a beber de ese agua que sacia para siempre la sed?
He descubierto que así como muchos aparatos que ahora están a nuestro servicio, dejan de funcionar cuando no tienen la carga suficiente con la batería o la gasolina, el corazón deja de transmitir amor si no tiene a Dios en su interior.
Todo esto me ha hecho ver y sentir lo que Dios me quiere.
Habiendo conocido este camino con Dios durante 70 años, no quiero otro.
Todo esto que uno siente, lo que uno ha sentido durante tantos años, es necesario contarlo, transmitirlo y compartirlo porque, ¿a quién no le encanta hacer feliz a todo aquel que se le acerca?
La Fe no se impone pero tampoco se tiene que esconder. ¿Por qué no compartirlo con los demás?
"Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

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