Disfrutar haciendo el bien


Me comentaba el otro día una persona, la satisfacción del trabajo bien hecho después de un día complicado. Uno no sabe quién está mirando cuando trabaja bien y da un buen servicio, hasta que alguien te para, te felicita y te da las gracias por tu bien hacer.

¡Qué sensación tan maravillosa! ¿Verdad? ¡Qué bien se siente uno cuando hace el bien!

¡Qué bien se siente uno cuando trabaja, ayuda, colabora y dirige a bien!

Cuando uno hace el bien, no solo disfruta, sino que se olvida de sus propios problemas.

¿No nos conmueve y toca el corazón cuando vemos a alguien tener un gesto entrañable?

Vale la pena ver la mirada, la sonrisa y la muestra de agradecimiento cuando has tenido un momento de bondad o detalle con alguien.

Puede haber sido un día complicado, pero la satisfacción del trabajo bien hecho, lo supera todo.

Hay personas que se cruzan en nuestra vida y a su vez nosotros nos cruzamos en la de otros. ¿Por qué no aprovechar ese momento para hacer lo que hay que hacer?

Ninguno estábamos allí por casualidad. ¿Eso no nos hace pensar por qué y para qué?

Nadie disfruta haciendo el mal, porque después de ese rato de supuesto triunfo por haber "gozado" destruyendo aquello o a quienes se cruzan en su camino, viene el gran vacío interior que va rompiendo el corazón.

Siempre duele hacer el mal, porque va destruyendo tu corazón. Sin embargo, nunca duele hacer el bien porque ves que tu corazón te va haciendo crecer en el amor y la felicidad.

¿Nos damos cuenta de las heridas que causamos cuando hacemos el mal y el beneficio que proporcionamos cuando hacemos el bien?

Si miramos atrás, nos podemos preguntar: ¿Cuánto bien he dejado de hacer cuando pasé de largo, cuando no le escuché, cuando necesitaban cariño y no lo di, cuando necesitaban ayuda y miré para otro lado?

¿Es igual la ansiedad, el desasosiego y la mala conciencia, que la paz interior?

Es duro dejar pasar la vida sin haber sembrado una buena semilla.

Es verdad que hay mucha cizaña en el mundo, pero hay mucho más trigo. Lo que pasa es que el mal hace mucho ruido y el bien es silencioso. La semilla del bien crece sola en el silencio del corazón.

No dejemos que sea la cizaña la que crezca en nuestro corazón, sino la buena semilla. Rechacemos la cizaña que el mundo pretende mantener al lado del trigo.

Nadie somos trigo limpio, también guardamos cizaña en nuestro interior. Mucha capacidad de bien, pero también de mal. Tenemos que hacer que los brotes del bien maduren y sobresalgan. Vencer el mal de cada día a fuerza de bien.

¡Y qué importante es sentir! Cuando uno no siente, no le importa nada de lo que hace ni de lo que ocurre con lo que hace. Cuando uno no siente, el corazón está muerto.

¡Qué importante es hablar de Dios sin pronunciar su nombre! En nuestra forma de actuar, en nuestra mirada, en nuestra sonrisa, en nuestra alegría, en nuestra palabra. Un gracias, un desear buen día, una felicitación por el servicio recibido.

"No hables de Dios a quien no te pregunta, pero vive de tal manera que te quieran preguntar por él" (San Francisco de Sales).

"En la familia, el amor vale más que las cosas. En la amistad, la lealtad vale más que el interés. En el trabajo, la conciencia vale más que el beneficio. En la sociedad, el bien común vale más que el egoísmo" (Diego Ángel Moreno Mialdea).

El río que se estanca y no fluye, huele mal. No dejemos que se estanque.

Es muy bonito pasar por la vida con una mirada limpia, tratando de descubrir el bien que hay en cada una de las personas. Por lo demás, yo me conformo con ser esa pequeña lamparita que alumbra en la noche del mundo.

"Es bueno entonces, repasar el propio pasado para recordar esas cosas que nos hacen sonreír, esas acciones importantes que han brotado de nosotros, esas cosas positivas que logramos hacer o decir, esos momentos que nos hacen sentir que valía la pena nacer." (Mons. Víctor Manuel Fernández)

Frente a la actitud de los enemigos que disfrutan haciendo el mal, Jesús disfruta “haciendo el bien”. Y no sólo hace el bien, sino que el bien “lo hace muy bien”. “No grita, no vocifera”, no quiere aplausos ni alabanzas, sino “la complacencia del Padre en el silencio” ( Raúl Romero López). 

Muchas veces el milagro que se desea eres tú.


Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. 
"Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz"
"Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"




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